lunes, 22 de diciembre de 2014

MENSAJE CATOLICO DE NAVIDAD Y AÑO NUEVO

Como cada año a través de este medio quiero dirigirme a la comunidad parroquial de Progreso para que antes y después de la fiesta de la Navidad del Señor reflexionemos acerca de este hecho tan prodigioso como es la muestra más grande del amor que Dios nos tiene, que envía a su hijo, hecho carne, para salvar al mundo y dar su vida por todos y cada uno de nosotros.
En el libro del Profeta Isaías leemos (Is. 9,1-3) “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció”. Y eso es lo que vamos a celebrar la llegada de la luz, ya que por nuestros pecados vivimos en la oscuridad y retrasamos la venida del Señor. El es la luz que viene a iluminar nuestra indiferencia religiosa, egoísmo, orgullo, desánimo, tristeza, etc.
Obvio que no es referencia a la luz de los foquitos, los adornos y tantas cosas que en nuestros días ponemos para adornar las casas, nacimientos, etc. Ni tampoco a la manera como se viste a las imágenes del niño Jesús con sus grandes ropones, tejidos y a veces muy coloridos, pero que al vestirlos de esa forma nos imaginamos que la imagen del niño no sufre el frío y por lo tanto esta tranquilito.
¡Qué lejos estamos del verdadero hecho histórico del nacimiento del niño Jesús, que es la Luz del mundo! ¡Es cuestionante que queramos hacer a un Dios a nuestra medida!
En el evangelio de San Lucas encontramos la manera como nació el Hijo de Dios (Lc. 2,7: “…y dio a luz su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento”.
El Evangelio de San Mateo 10,21; dice: “Gracias Padre porque estas cosas las has revelado a la gente sencilla” E aquí lo importante de la Navidad, la sencillez, la práctica de la humildad, de la confianza en Dios, la ayuda al hermano que necesita de nosotros y del perdón a través de la práctica de la misericordia.
¿De que sirve que nuestras casas estén muy adornadas por dentro y por fuera si nuestro corazón esta lleno de odio y rencor? Luz y más luces brillantes, pero no la verdadera Luz que es el niño Jesús; ¿De que sirven tantas posadas y rezos, si después de ellas uno vuelve a ser el mismo egoísta y orgulloso de siempre?
Nuestro Señor Jesucristo nació en un humilde pesebre; tenemos un pequeño espacio en nuestra alma y cuerpo que es el corazón. Lugar en el cual el niño Dios debe nacer. Luz que debe iluminar toda actividad diaria.
Que en estos días que recibimos y damos regalos, seamos espléndidos con el niño Dios abriéndole nuestras mentes y corazones para que sea Él quien dirija nuestras vidas. Que él ocupe el lugar que le corresponde en nuestras familias, casas, lugares de trabajo, amigos, escuela o en donde sea que nos encontremos. Y no nos quedemos con la falsa idea de la Navidad, el consumismo y los regalos.
Que la natividad del Hijo de Dios nos haga conscientes de que tenemos que cambiar y ser mejores cada día, comprometiéndonos con nuestra comunidad, la ciudad y puerto de Progreso, para hacer de ella un lugar de fraternidad, de justicia, de amor y de paz. Y esto solo podría ser realidad si tú y yo que estás leyendo este mensaje nos esforzamos a diario en mejorar y cambiar nuestras actitudes y formas de pensar, buscando ante todo el bien común.
Quiero también aprovechar este medio para agradecer a todos su colaboración ya que durante 15 años el comedor parroquial haya dado y siga dando de comer a muchas personas necesitadas, y esto sólo ha sido posible gracias a la generosidad de todos.
Unido a esto agradecer de igual manera su colaboración para que nuestra fiesta patronal el pasado 8 de diciembre fuera todo un éxito. Porque fuimos muchos los que trabajamos y pusimos de nuestro tiempo para que se diera una verdadera convivencia parroquial, además de toda su colaboración económica. Soy de pensar que mientras seamos más los que trabajemos por nuestra parroquia somos más los que valoramos nuestra comunidad ya que es una labor de muchos y no de unos cuantos.
Gracias a todos. Feliz Navidad y Próspero 2015. Que la Virgen de la Purísimo Concepción, San José y el niño Jesús, bendigan a todas nuestras familias.

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